martes, 31 de julio de 2012

Pequeña Organización de Soledades - Parte 2


         "La organización posee historia inmemorial, no hay registros puntuales de fundaciones, aniversarios ni nada que permita deducir la antigüedad de la sociedad, tampoco hay conocimiento sobre lugares de origen ni sedes específicas por lo cual ha sido y será imposible lograr reseñas históricas, no se ha podido conocer incluso si hay relación alguna entre los distintos miembros repartidos alrededor de todo el planeta por lo que todo lo referente a la POS (Pequeña Organización de Soledades) permanecerá como un misterio....."
        
Este fragmento daba final al diario de viaje de Miguel Antonio Estévez, un periodista colombiano que murió a fines de los 70 en un trágico accidente al norte de Brasil, casi al límite con Surinam. Estévez recorrió toda Sudamérica durante sus últimos 10 años de vida buscando información sobre lo que él conoció en su juventud (mientras estudiaba Literatura Inglesa en Edimburgo) bajo las siglas de SUL (Sefydliad Unigrwydd Little).

Durante su estadía escocesa Estévez se hizo participe sobre la leyenda de una organización desconocida que reunía personas de todo el mundo cuyo destino irremediable se hallaba en la soledad, se oían relatos en los pasillos de la Universidad de Edimburgo sobre los incontables personajes históricos que supuestamente pasaron por las filas de la SUL y leyendas sobre estos lobos esteparios. El interés del colombiano se fue acrecentando durante su último año en Escocia, Estévez tenía 24 años cuando terminó sus estudios literarios y de un modo muy precario ya había iniciado una investigación sobre la tan mencionada organización, igualmente entre estudios y ocupaciones no pudo dedicarle el tiempo necesario a su nuevo proyecto, pero una vez concluida la etapa académica partió sin rumbo específico en busca de cualquier indicio que aclarara su asfixiante inquietud. Esta empresa inundó de dudas los siguientes 47 años de su vida y concluyó trágicamente un 28 de Octubre de 1979, cuando Estévez apareció muerto, sin causa aparente, en una playa al norte de Macapá (Brasil).

Decir que me llamo Pedro Ortiz Soriano no sería relevante, más que para la anecdótica coincidencia de mis iniciales con las siglas de la organización (P.O.S.), si resultaría interesante relatar que durante una excursión por Belém (Norte de Brasil) me topé con una precaria feria de antigüedades, que además de proveerme de algunos tallados en madera (no muy felices por cierto) me legó un manuscrito desgastado por el evidente efecto de la humedad y el poco cuidado del beodo vendedor, el intrigante título del libro era "Tratado sobre la Soledad", y en letras más pequeñas continuaba "Diario de Viaje de Miguel Antonio Estévez" (todo escrito a mano con una caligrafía por demás cuidada). La intriga me valió un regateo y 30 reales, luego coloqué la extraña adquisición en la mochila y fui en busca de un breve almuerzo para poder luego analizar exhaustivamente mi reciente descubrimiento. La tarde prometía una típica tormenta de verano, la humedad adhería cualquier tipo de tela a la sudorosa piel, por lo cual, mi camisa de algodón era básicamente un suplicio maquiavélico, la densidad del aire me hacía tener la sensación de respirar aceite así que indefectiblemente retorné al hotel. El módico precio de la habitación justificaba la ausencia de ciertas comodidades (tales como puertas y ventanas), me recosté sobre la cama y empecé el análisis del nuevo tesoro. El libro estaba recubierto en cuero, el cual había sufrido gran desgaste por un incesante trajín de viajes, los hojas habían sido minuciosamente fechadas y numeradas, rápidamente caí en la cuenta sobre la ausencia de una importante cantidad de hojas, cosa que no me inquieto en el momento. Toda la obra estaba escrita a puño y letra del autor, por lo que descarté al instante la posibilidad que existiesen publicaciones, la tinta se alternaba entre azul y negro, incluso algunas anotaciones parecían de algún lápiz muy oscuro, la variedad me informaba un carácter evidentemente anacrónico en toda la obra.

Aquella primera impresión se ha conservado intacta en mi memoria, los detalles sobre la obra que transformó mi vida los desglosaré durante este descargo, los últimos 5 años dedicados a continuar la búsqueda enigmática de Estévez concluyen irremediablemente con este informe, lego toda esta investigación a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires bajo un estricto convenio en el cual se presentarán mis escritos, junto con el diario de Estévez como una ficción poco feliz de mediados de los 70 a fin de evitar que cualquier otro entusiasta intente retomar esta demente empresa.

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