He pasado ya 4
años en estas tierras celtas, los conocimientos literarios de estos años han
sido invaluables, la compañía que me ha otorgado el destino en este tiempo ha
logrado enriquecerme en tan diversos aspectos que he empezado a sentir una
extraña nostalgia hacia mis últimos días en Edimburgo a pesar de la inevitable
alegría por haber concluido exitosamente esta ardua etapa de mi vida. Las
cuestiones académicas presentaron menos dificultades que las previstas hace un
tiempo, y la hospitalidad por estos nortes ha elevado muy alto banderas del
todo amistosas. Creo haber extrañado relativamente poco mi vida en Cartagena,
es increíble como ha cambiado el mar desde ese tiempo, pero la melancolía se ha
transformado en un buen pasaporte en las nieblas matutinas, también he
intensificado mi amistad con el whisky, he acudido religiosamente a escuchar
los disparos en el Castillo de Edimburgo, siempre a la 1 del mediodía, con la misma devoción me he sentado en
variados Pubs a las 6 a
ingerir alguna variedad de cerveza para luego internarme en las bibliotecas
hasta las últimas horas laborales e incluso a veces un poco más tarde.
Tenía pensado
volver a Bogotá para la primavera austral, pero ciertos eventos me están
reteniendo en el viejo continente, he comprado esta libreta en un museo en
Stirling, el simpático y pelirrojo vendedor me comentó que la inscripción en la
tapa del mismo significa (en algún dialecto celta antiguo) "Por donde
nadie va..", por lo que he asumido la frase a rajatabla e iniciaré una
serie de viajes con el fin de clarificar ciertas inquietudes que han oscurecido
mis sentidos durante los últimos meses universitarios. No acostumbro a escribir
mis viajes en estas especies de diarios, básicamente por dos motivos; el
primero y principal, es que realmente no poseo alma itinerante por lo que mis
viajes suelen ser esporádicos y breves (siempre con algún objetivo específico)
así que he carecido de oportunidades en este sentido, en segundo lugar, debo
confesar que, a pesar de ser un gran lector, mis escritos no exceden las
poesías o algún que otro cuento corto, por lo que mi estilo literario, en
cuanto a la narración, supongo dejará mucho que desear a los eventuales
lectores de esta posible investigación o como sea que finalice este intento.
Igualmente ahí vamos....
La historia, mejor dicho mi
conocimiento de la historia, comenzó casi desde mi llegada a Escocia, claro que
en un principio el misterio sólo formaba parte de la enciclopedia de rumores y
leyendas que aumentaba año tras año, hasta finalmente convertirse en un
asfixiante laberinto de indicios y acertijos. Así fue que anduve desentendido
de estas cuestiones un tiempo largo, hasta hace unos meses atrás, cuando los
picos de incertidumbre quebraron la escala y no pude evitar más el
enfrentamiento con mis postergadas dudas. La cuestión parecía bastante simple,
por demás imprecisa, lo que le daba el carácter ineludible de misterio, y por
sobre todo, extremadamente real y humana, lo que me provocaba una ansiedad del
todo extraña en mi metódico modo de hacer las cosas. Las primeras
aproximaciones interesantes llegaron siempre vía Budapest, es decir, por
Nicholas, mi compañero de cuarto, un peculiar húngaro de casi dos metros de
altura, cabellos rizados y rubios, mejillas fácilmente sonrojables y una mirada
inocente que otorgaba veracidad casi dogmática a cada palabra que brotaba de
sus siempre resecados labios. En cierta ocasión, nos encontrábamos compartiendo
unas cervezas en el casco antiguo de la ciudad, el reloj avanzaba hacia las 6
de la tarde, como era invierno el sol había guardado su luz hacía ya una hora,
el intenso frío se escurría entre la neblina, era Martes, las calles estaban
desoladas, el ritmo del día había danzado largamente con la mediocridad, por lo
que desde media tarde Nicholas y yo decidimos esquivar la rutina universitaria
en busca del reconfortante alcohol. Las charlas entre los dos, como siempre
sucedía, saltaban velozmente de un tópico a otro sin detenerse en
profundizaciones, hablamos de libros, de escuelas literarias, de filosofía, de
sueños y verdades, de las ventajas del alcohol, de mujeres y de hazañas de
otros tiempos, todo esto casi sin detenernos y definitivamente en ese orden,
finalmente, cuando nuestros sentidos ya se habían entumecido por el cansancio y
la bebida, Nicholas viró nuestra descuidada y jocosa conversación sobre mujeres
alemanas hacia un plano bastante más denso y oscuro. Percibí rápidamente su
intención y me apresté a evitar la biblioteca esa noche y afrontar lo que
seguramente sería una noche larga. No era la primera vez que me sucedía esto,
ya he tenido la sensación del arribo de una experiencia trascendental, siempre
segundos antes que esto suceda, lo extraño es la coincidencia de esto con los
climas fríos y húmedos, y obviamente siempre con la noche. Nicholas pidió dos whiskeys,
sacó un rejunte de papeles gastados, insultó en un lenguaje desconocido en su
evidente búsqueda de algún objeto importante, hasta que finalmente su rostro se
volvió a iluminar cuando encontró una especie de mapa antiguo que poseía una
serie de inscripciones al dorso del mismo, desplegó todo este universo de
desorden sobre la mesa e intento iniciar
un breve relato en su particular inglés pero lo interrumpí inmediatamente para
preguntarle si esto tenía que ver con la
SUL (Sefydliad Unigrwydd Little), iniciales galesas que
significan Pequeña Organización de
Soledades o traducciones similares), al ser su respuesta positiva le hice
saber que su insistencia sobre el tema no lograría captar mi atención sobre
algo que carece totalmente de sentido desde cualquier punto de vista
mínimamente racional.
No quise ser grosero con mi
particular amigo, pero hacía ya un tiempo que Nicholas insistía sobre la
necesidad de investigar sobre una supuesta organización que reunía a un número
de personas solitarias y no se que otros desvaríos sobre destinos que realmente
carecían de bases sólidas para una investigación que desease ser periodística
en algún aspecto, por lo que intenté pagar la cuenta y retirarme del bar pero
Nicholas me tomo del brazo, me miró, la intensidad de esa mirada hubiese
bastado para congelar el tiempo en eternidades breves, pude notar una
desesperación inusitada en su frialdad europea, y un deseo de aliviar una
pesada carga por lo cual no tuve otra opción que escuchar nuevamente los nuevos
hallazgos de Nicholas sobre la SUL ,
aunque el único motivo verdadero era consolar la evidente intranquilidad de mi
amigo. Hasta ese momento no me había interiorizado en el tema, aunque sí sabía
varias cosas por el interés en el mismo de mi compañero, todo esto se había
iniciado en él debido a una extraña y
breve carta que le llegó hace unos 2 años, la he escuchado tantas veces que
puedo transcribir su contenido:
Estimado Nicholas:
Las
bifurcaciones de los senderos llevan implícitas decisiones, pero habremos de
elegir siempre el mismo camino. El destino es irremediable aunque las máscaras
nos den apariencia de libertad. Nadie accederá al pozo que te hemos regalado.
SUL
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