Cuando bajaba ya por Pueyrredón, el nuevo Pueyrredón
de mano y contramano, fui apurando un tercer cigarrillo siendo totalmente
conciente que ninguno de los dos anteriores había logrado calmar la ansiedad
que me hacía agitar las manos y apretar los puños indistintamente y que
seguramente este tercero tampoco lo lograría, pero a este lo apreté mas, lo
machuqué a cada pitada, lo maltraté pero fue en vano, las manos siguieron, los
puños siguieron, los labios se sumaron en un temblor de frío que no era frío.
Me detuve como protesta casi llegando al ángulo donde Pueyrredón destruye
Azcuénaga, me detuve con ira y empecé a jadear, a bufar hasta que luego de un
par de semáforos eternos, volví a respirar, los puños finalmente cedieron, y
miré a mi alrededor casi con una sonrisa. Tarde un segundo en agradecerlo y más
de un par de meses en entenderlo, o al menos en buscarle alguna explicación, a
esa súbita paz que se presentó exactamente a las 8.37pm de un lunes de otoño
con mi pie derecho raspando el cordón de Pueyrredón y mi pie izquierdo en plena
calle Azcuénaga. Si, todas sus sospechas son ciertas, ese día, un par de horas
antes, en el mismo código postal, ella me había dejado, como tantas otras veces
supuse lo que iba a pasar, como me iba a sentir, pero esta vez fue distinto,
como tantas otras veces donde sentí que era distinto, esta vez supuse lo que
iba a pasar y fue distinto.
Si, tienen razón, primero lo primero, o sea ella, la
muchacha. Se llama Dolores, como la localidad, aunque ella nunca se rió de ese
chiste, pero debo reconocer que se ríe bastante. Como es ella es algo que me
encantaría que sepan, con ese único objetivo le pedí a un amigo entrañable,
José, que me escribiese dos párrafos que la describiesen de punta a punta, el
también la conoce. Un par de semanas después de este pedido me pareció que el
tiempo era adecuado para reclamar algún resultado, su respuesta fue tan simple
que se resume en dos puntos concretos, el primero y principal se relaciona con
que él pensó que le estaba haciendo un chiste con el pedido y el segundo, más
rotundo, que le parecía una estupidez y que en todo caso nadie mejor que yo
para realizar tal tarea, lo insulté pero me cortó antes que los insultos
cobraran un gustito más picante. La realidad es que la afirmación de José es
falsa, yo soy el peor para tal tarea, y por eso es que se lo pedí, es decir, yo
deseaba que ustedes realmente la conozcan, y yo… yo no podría describirla, yo
no sería fiel con la realidad, no sería verdadero, mi imagen de ella no es
cierta, les pido perdón, me hubiese encantado que la conozcan, no contaba con
el traspié que José me propinó, el obstáculo de mi subjetividad si estaba en
los planes, les pido disculpas. Quería que supiesen, para que me entiendan.
Creo que habría que aclarar como empezó esto, sin
romanticismos lo resumo; simplemente nos topamos un día, y del abrazo al beso
no hubo preguntas, y luego no preguntamos más por algún tiempo, las manos se
sintieron cómodas y el tiempo corría con otras leyes; así caminamos un rato y
nos reímos con todos los dientes, así fue un tiempo, cuando había bastante más
sol y menos bufandas. Un día nos miramos y entre el abrazo y el beso pasó un
siglo, nos preguntamos cosas sin respuesta y las manos no se encontraban. No
hubo otro beso y si un abrazo, de los que se usan para despedida, con más
fuerza en los hombros que en las manos, que no se volverían a encontrar, y los
labios rogaban por no cruzarse, nos miramos una última vez, cada uno aportó media sonrisa para completar entre los dos una última, y aún así casi no
alcanza y no nos volvimos a topar. Pretendo ser simple en el resumen, claro que
hubo más cosas y otros colores pero quiero ser simple aunque no lo soy.
Lo que es interesante es lo que sigue, lo que quiero
compartir mejor dicho es lo que pasa cuando ya no pasa lo que pasaba, el ritual
increíble de ir erradicando alguien de tu tiempo, como arqueológicamente ir
excavando en la memoria y ver donde está y donde no está ella. Ese proceso, el
cual transité muchas veces, en general ya tenía una rutina en mi, casi un
procedimiento de emergencia ya estipulado, mi propia escalera de incendio, pero
claro esta vez, a las 8.37pm, en ese ángulo desde donde la Facultad de Derecho es
sólo un aura de luz, algo distinto sucedió y me gustaría contarles que creo que
pasó...
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