lunes, 16 de julio de 2012

Dolores - Parte 1

Cuando bajaba ya por Pueyrredón, el nuevo Pueyrredón de mano y contramano, fui apurando un tercer cigarrillo siendo totalmente conciente que ninguno de los dos anteriores había logrado calmar la ansiedad que me hacía agitar las manos y apretar los puños indistintamente y que seguramente este tercero tampoco lo lograría, pero a este lo apreté mas, lo machuqué a cada pitada, lo maltraté pero fue en vano, las manos siguieron, los puños siguieron, los labios se sumaron en un temblor de frío que no era frío. Me detuve como protesta casi llegando al ángulo donde Pueyrredón destruye Azcuénaga, me detuve con ira y empecé a jadear, a bufar hasta que luego de un par de semáforos eternos, volví a respirar, los puños finalmente cedieron, y miré a mi alrededor casi con una sonrisa. Tarde un segundo en agradecerlo y más de un par de meses en entenderlo, o al menos en buscarle alguna explicación, a esa súbita paz que se presentó exactamente a las 8.37pm de un lunes de otoño con mi pie derecho raspando el cordón de Pueyrredón y mi pie izquierdo en plena calle Azcuénaga. Si, todas sus sospechas son ciertas, ese día, un par de horas antes, en el mismo código postal, ella me había dejado, como tantas otras veces supuse lo que iba a pasar, como me iba a sentir, pero esta vez fue distinto, como tantas otras veces donde sentí que era distinto, esta vez supuse lo que iba a pasar y fue distinto.

Si, tienen razón, primero lo primero, o sea ella, la muchacha. Se llama Dolores, como la localidad, aunque ella nunca se rió de ese chiste, pero debo reconocer que se ríe bastante. Como es ella es algo que me encantaría que sepan, con ese único objetivo le pedí a un amigo entrañable, José, que me escribiese dos párrafos que la describiesen de punta a punta, el también la conoce. Un par de semanas después de este pedido me pareció que el tiempo era adecuado para reclamar algún resultado, su respuesta fue tan simple que se resume en dos puntos concretos, el primero y principal se relaciona con que él pensó que le estaba haciendo un chiste con el pedido y el segundo, más rotundo, que le parecía una estupidez y que en todo caso nadie mejor que yo para realizar tal tarea, lo insulté pero me cortó antes que los insultos cobraran un gustito más picante. La realidad es que la afirmación de José es falsa, yo soy el peor para tal tarea, y por eso es que se lo pedí, es decir, yo deseaba que ustedes realmente la conozcan, y yo… yo no podría describirla, yo no sería fiel con la realidad, no sería verdadero, mi imagen de ella no es cierta, les pido perdón, me hubiese encantado que la conozcan, no contaba con el traspié que José me propinó, el obstáculo de mi subjetividad si estaba en los planes, les pido disculpas. Quería que supiesen, para que me entiendan.

Creo que habría que aclarar como empezó esto, sin romanticismos lo resumo; simplemente nos topamos un día, y del abrazo al beso no hubo preguntas, y luego no preguntamos más por algún tiempo, las manos se sintieron cómodas y el tiempo corría con otras leyes; así caminamos un rato y nos reímos con todos los dientes, así fue un tiempo, cuando había bastante más sol y menos bufandas. Un día nos miramos y entre el abrazo y el beso pasó un siglo, nos preguntamos cosas sin respuesta y las manos no se encontraban. No hubo otro beso y si un abrazo, de los que se usan para despedida, con más fuerza en los hombros que en las manos, que no se volverían a encontrar, y los labios rogaban por no cruzarse, nos miramos una última vez, cada uno aportó media sonrisa para completar entre los dos una última, y aún así casi no alcanza y no nos volvimos a topar. Pretendo ser simple en el resumen, claro que hubo más cosas y otros colores pero quiero ser simple aunque no lo soy.

Lo que es interesante es lo que sigue, lo que quiero compartir mejor dicho es lo que pasa cuando ya no pasa lo que pasaba, el ritual increíble de ir erradicando alguien de tu tiempo, como arqueológicamente ir excavando en la memoria y ver donde está y donde no está ella. Ese proceso, el cual transité muchas veces, en general ya tenía una rutina en mi, casi un procedimiento de emergencia ya estipulado, mi propia escalera de incendio, pero claro esta vez, a las 8.37pm, en ese ángulo desde donde la Facultad de Derecho es sólo un aura de luz, algo distinto sucedió y me gustaría contarles que creo que pasó...

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