lunes, 23 de julio de 2012

Dolores - Parte 5


Dolores entró, nos saludamos con un abrazo que quería decir mucho más de lo que dijo, nos sentamos, ambos dudamos en prender un cigarrillo, pero los dejamos a un costado, los nervios ya estaban ahí, los míos al menos. Le serví agua, yo no tomé nada, no quise preguntar nada, ella no me miraba aún, debía ser breve, necesitaba ser breve.

- Bueno, Loli, te pedí que vengas porque quería compartir algunas cosas que siento, que a veces me inquietan y quiero que las sepas y tal vez también saber que te sucede con eso.
- Yo también quería decirte algunas cosas – iba a decir algo más pero bajó la mirada hacia la mesa, largó un poco de aire que no alcanzó a ser suspiro, y se quedó callada. Supuse que debía empezar yo, y así lo hice.
- Quiero ser breve – realmente lo deseaba, ah si, como lo deseaba – Voy a tratar de ser breve, primero, lo principal es que de algún modo que no tengo muy claro te recordé bastante en este tiempo y…
- Yo también te recordé mucho – sus palabras me marearon, pero no podía frenar, debía seguir antes de que el mareo me desmaye
- …normalmente no me sucede esto, ya pasó un tiempo, varios meses, y cada tanto aparecés ahí, un rato, y luego te vas de mi memoria, por unos días – mis palabras dejaron de entrecortarse, una dosis de coraje me empujó un poco más y dejé de pensar – La verdad es que te quiero, aunque no es una verdad nueva, lo que tal vez sea novedoso, es que creo poder quererte así, sin más, sin que estés conmigo, y eso me extraña.
- Yo también te quiero, te quise, te quiero – la mezcla de tiempos verbales me explicó que la confusión no era sólo mía, que del otro lado del río la orilla era muy similar, quise interrumpir pero ella siguió, la voz se apagaba, había nervios, había silencios – A veces esperé que te acercaras, luego pensé que debí acercarme yo y lo intenté, luego dejé de pensarlo y me fui quedando en el recuerdo, pero te fui queriendo a cada paso, aunque sé muy bien que es difícil. Quererte es difícil.



José respetó el silencio, leyó claramente en mi rostro la confusión, me miraba como quien mira una brasa que pronto será llama, me miraba como quién espera el fuego, quien adivina el fuego y yo ardía, iba a arder, era inminente. Que me quería decir, que enseñanza, que doble sentido se oculta en eso de que no se terminó, porque golpear esa zona, en ese momento lo miré a José, por un instante mis ojos le lanzaron una súplica, quizá un reclamo, una queja algo violenta en mis pupilas que se dispararon sobre las suyas, una mirada que decía por favor, exigía que se plante de mi lado, que entierre ciertas lógicas, que me diga lo que quería escuchar y olvide lo real, pero no iba a suceder, nuestras miradas se fueron encontrando, eso no iba a suceder, yo me daría cuenta de esa indulgencia y no la aceptaría, el lo sabía, había que pasar por esto hasta el final, íbamos a desenredar el nudo antes de tirar la cuerda y lo íbamos a hacer en ese momento, juntos, como tantas otras veces. Rompí el silencio, con lo primero que se cruzó por mi cabeza, traté de obviar el resto

- Entonces, sino terminó, ¿Cómo hago para que se termine?
- Primero deberías saber si realmente eso es lo que querés, si que termine es lo que te tranquiliza
- Es lo mejor, lo más sano – era una evasiva muy tonta, casi me di vergüenza por tratar de escapar tan tontamente, José siguió, obviando lo que había dicho
- Esto no terminó simplemente porque hasta hoy no quisiste que así fuera, está vivo porque lo mantuviste vivo, no te va a ser difícil matarlo, pero tenés que saber que una vez que lo hagas, te va a doler, seguramente bastante.
- Pero no estoy triste, no me siento mal, estoy algo confuso, es cierto, pero no tengo ese dolor
- Claro que no, estuviste a salvo, lejos de ese dolor, pero llegó la hora de que lo sepas, de que decidas, si querés que se termine.
- No creo que sea necesario decidirlo, estoy bien así. Puedo estar así hasta que aparezca alguien nuevo y evitarme ese dolor que me asegurás que va a aparecer.



Me quedé callado, no sólo eso, inmóvil, un frío me corrió por la espalda, Dolores me miró, vio como mis pupilas se contraían, siguió mirando, era consciente de lo que había dicho, no quiso amortiguar la frase con otra, simplemente me miró sin esperar nada. No fueron más de diez segundos que fueron siglos, luego me agarró la mano, simplemente la presionó y sonrió, no tuve reacción por un instante, luego respondió mi mano y simplemente miré y murmuré no tan convencido

- Querer siempre es difícil
- No siempre – dijo ella, tratando de ser algo tierna, yo sabía que tenía razón.
- Lo sé – dijo esa parte de mi que cada tanto mira hacia el piso. Y finalmente prendí un cigarrillo, la campana del primer round sonaba, y yo necesitaba desesperadamente algo de aire y humo.



José se mostró por primera vez inquieto, le incomodaba algo en mi afirmación, se paró y mientras caminaba yo seguí hablando.

- Tampoco hagamos un drama, tal vez tenga suerte, tal vez no tenga que sufrir esta vez, porque insistís en que tengo que decidirlo…
- Por ella tenés que decidirlo, por ella flaco, si es que realmente la querés.

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