Dolores entró, nos saludamos con un abrazo que quería
decir mucho más de lo que dijo, nos sentamos, ambos dudamos en prender un
cigarrillo, pero los dejamos a un costado, los nervios ya estaban ahí, los míos
al menos. Le serví agua, yo no tomé nada, no quise preguntar nada, ella no me
miraba aún, debía ser breve, necesitaba ser breve.
- Bueno, Loli, te pedí que vengas porque quería
compartir algunas cosas que siento, que a veces me inquietan y quiero que las
sepas y tal vez también saber que te sucede con eso.
- Yo también quería decirte algunas cosas – iba a
decir algo más pero bajó la mirada hacia la mesa, largó un poco de aire que no
alcanzó a ser suspiro, y se quedó callada. Supuse que debía empezar yo, y así
lo hice.
- Quiero ser breve – realmente lo deseaba, ah si, como
lo deseaba – Voy a tratar de ser breve, primero, lo principal es que de algún
modo que no tengo muy claro te recordé bastante en este tiempo y…
- Yo también te recordé mucho – sus palabras me marearon,
pero no podía frenar, debía seguir antes de que el mareo me desmaye
- …normalmente no me sucede esto, ya pasó un tiempo,
varios meses, y cada tanto aparecés ahí, un rato, y luego te vas de mi memoria,
por unos días – mis palabras dejaron de entrecortarse, una dosis de coraje me
empujó un poco más y dejé de pensar – La verdad es que te quiero, aunque no es
una verdad nueva, lo que tal vez sea novedoso, es que creo poder quererte así,
sin más, sin que estés conmigo, y eso me extraña.
- Yo también te quiero, te quise, te quiero – la mezcla
de tiempos verbales me explicó que la confusión no era sólo mía, que del otro
lado del río la orilla era muy similar, quise interrumpir pero ella siguió, la
voz se apagaba, había nervios, había silencios – A veces esperé que te
acercaras, luego pensé que debí acercarme yo y lo intenté, luego dejé de
pensarlo y me fui quedando en el recuerdo, pero te fui queriendo a cada paso,
aunque sé muy bien que es difícil. Quererte es difícil.
José respetó el silencio, leyó claramente en mi rostro
la confusión, me miraba como quien mira una brasa que pronto será llama, me
miraba como quién espera el fuego, quien adivina el fuego y yo ardía, iba a
arder, era inminente. Que me quería decir, que enseñanza, que doble sentido se
oculta en eso de que no se terminó, porque golpear esa zona, en ese momento lo
miré a José, por un instante mis ojos le lanzaron una súplica, quizá un
reclamo, una queja algo violenta en mis pupilas que se dispararon sobre las
suyas, una mirada que decía por favor, exigía que se plante de mi lado, que
entierre ciertas lógicas, que me diga lo que quería escuchar y olvide lo real, pero
no iba a suceder, nuestras miradas se fueron encontrando, eso no iba a suceder,
yo me daría cuenta de esa indulgencia y no la aceptaría, el lo sabía, había que
pasar por esto hasta el final, íbamos a desenredar el nudo antes de tirar la
cuerda y lo íbamos a hacer en ese momento, juntos, como tantas otras veces. Rompí
el silencio, con lo primero que se cruzó por mi cabeza, traté de obviar el
resto
- Entonces, sino terminó, ¿Cómo hago para que se
termine?
- Primero deberías saber si realmente eso es lo que
querés, si que termine es lo que te tranquiliza
- Es lo mejor, lo más sano – era una evasiva muy
tonta, casi me di vergüenza por tratar de escapar tan tontamente, José siguió,
obviando lo que había dicho
- Esto no terminó simplemente porque hasta hoy no
quisiste que así fuera, está vivo porque lo mantuviste vivo, no te va a ser difícil
matarlo, pero tenés que saber que una vez que lo hagas, te va a doler,
seguramente bastante.
- Pero no estoy triste, no me siento mal, estoy algo
confuso, es cierto, pero no tengo ese dolor
- Claro que no, estuviste a salvo, lejos de ese dolor,
pero llegó la hora de que lo sepas, de que decidas, si querés que se termine.
- No creo que sea necesario decidirlo, estoy bien así.
Puedo estar así hasta que aparezca alguien nuevo y evitarme ese dolor que me
asegurás que va a aparecer.
Me quedé callado, no sólo eso, inmóvil, un frío me
corrió por la espalda, Dolores me miró, vio como mis pupilas se contraían,
siguió mirando, era consciente de lo que había dicho, no quiso amortiguar la
frase con otra, simplemente me miró sin esperar nada. No fueron más de diez
segundos que fueron siglos, luego me agarró la mano, simplemente la presionó y
sonrió, no tuve reacción por un instante, luego respondió mi mano y simplemente
miré y murmuré no tan convencido
- Querer siempre es difícil
- No siempre – dijo ella, tratando de ser algo tierna,
yo sabía que tenía razón.
- Lo sé – dijo esa parte de mi que cada tanto mira
hacia el piso. Y finalmente prendí un cigarrillo, la campana del primer round
sonaba, y yo necesitaba desesperadamente algo de aire y humo.
José se mostró por primera vez inquieto, le incomodaba
algo en mi afirmación, se paró y mientras caminaba yo seguí hablando.
- Tampoco hagamos un drama, tal vez tenga suerte, tal
vez no tenga que sufrir esta vez, porque insistís en que tengo que decidirlo…
- Por ella tenés que decidirlo, por ella flaco, si es
que realmente la querés.
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