jueves, 19 de julio de 2012

Dolores - Parte 4


José agarró el vino, lo fue abriendo artesanalmente, yo miraba el cigarrillo que humeaba en mi mano pensando que tal vez de ahí vendría la respuesta, cuando volví a mirar a José él ya servía en ambas copas, sin mirarme pero con el tono irónico que le gusta utilizar cada tanto me dijo, como si nunca hubiese existido ese silencio…

-   Dale, te dije que empieces, eso significa en español que tendrías que empezar…
-   Que se yo, no sé, te hice un comentario nada más, el resto lo imaginaste vos
-   No, no, no, no perdamos tiempo que es Lunes, a vos te pasa algo, hace un tiempo y hoy no me voy hasta entender que es
-   Bueno, a ver – me acomodé, le di un sorbo corajudo al vino, una pitada larga y otro sorbo más
-   Al fin – dijo José agradeciendo que hayamos evitado los preámbulos

Aún necesitaba algo de tiempo para pensar, no había pensado ni planificado esta charla, en realidad nunca uno puede hacerlo, pero decidí saltar, sin ordenar ni un pensamiento, sin depurar ninguna contradicción, José jugueteaba con el vino que danzaba en su copa inquieto, y empecé a hablar, buscando siempre la analogía más tonta e inesperada para explicarme

- Te hago una pregunta – José detuvo la copa y me miró adivinando que no tomaríamos el camino corto y se quedó en silencio esperando la pregunta
- ¿Vos pensás que en algún punto de la historia alguien decidió que era mejor comunicarse hablando que cantando? ¿Pensás que fue algo conciente? – José miraba desconcertado, su cuerpo se inclinaba en deseos fugaces de intervenir para dilapidar mi planteo pero luego se reclinaba esperando que de algún modo llegue al punto, yo simplemente seguía, construía la idea al hablar.
- Sinceramente creo que si la gente sólo pudiese cantar para comunicarse habría un nivel de odio significativamente menor en el mundo, hay partes del cuerpo que intervienen en el gesto de cantar que bloquean la violencia de la palabra directa, del habla, por más que se esfuercen los compositores, lograr tensión en un musical depende más de la música que del canto, yo me pregunto varias veces en que momento habremos elegido hablar, ese modo de emitir sonido, como nuestro principal modo de comunicarnos. – José miraba, dio otro sorbo a la copa y la apoyo en la tabla que nos dividía.
- No entiendo a que querés ir con eso – José necesitaba pensar, trataba de hilar despacio adonde podía llegar esa idea sólo por eso aún no la destruía, aún no repreguntaba.
- Pues eso, creo que estoy cantando, no literalmente claro, pero me siento con una liviandad extraña, y claro, creo que no debería ser así, en el pasado no había sido así – Volví a mi copa, no tenía bien claro que había querido decir pero estaba seguro que era lo que quería decir y que la sabiduría de José haría el resto.
- Estamos hablando nuevamente de Dolores supongo – dijo José, que en realidad no lo suponía, lo sabía desde que había entrado a mi casa
- Si, de algún modo si, pero también de estas últimas semanas, me siento extraño, tranquilo, vos sabés que me dolió perderla, que intenté recuperarla, ya te conté todo, sabés que debería haber llorado más, que debería haber sufrido un poco más, siempre que me enamoré fue igual, pero ando bien, camino liviano y tranquilo, no lo entiendo – prendí un cigarrillo, el cenicero aún estaba virgen de colillas pero le esperaba una noche larga, José ya no fumaba, al menos no tabaco.
- Podría decirte que no te quejes, que disfrutes esa alegría, que sigas tu vida, pero te entiendo, la confusión no te deja seguir, necesitás resolverlo, necesitás entenderlo.
- Claro, tengo tal vez miedo de que muy adentro mío no haya asumido que la perdí, que esté así porque no me di cuenta que la perdí
- No la perdiste, si hay algo de lo que estoy seguro es que no la perdiste – decía esto sin mirarme, como una verdad universal mientras jugueteaba aleatoriamente con el encendedor, tomé aire para realizar la pregunta de rigor, claro que la había perdido, eso era lo único claro, pero José habló antes.
- No la perdiste amigo, simplemente porque nunca la tuviste, nunca fue tuya, y mientras antes lo comprendas, mejor.
- Pero nos queríamos, estábamos juntos, no sé. ¿Qué decís?
- Nunca fue tuya, eso digo. Nadie le pertenece a nadie, vamos coincidiendo en la vida, no la perdiste, simplemente un día no coincidieron más.

Tenía razón, pero el concepto no me calmaba, yo me refería a otra cosa, a algo más mundano, una verdad mucho menos trascendental, José servía vino de nuevo, yo pensaba, no era cuestión de perder claro, pero ella no estaba, se había terminado, claro, eso. Lo miré de nuevo y el esperó el contraataque.

- Bueno, pero se terminó. Eso digo.
- Tampoco se terminó, claro que no se terminó...

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