José agarró el vino, lo fue abriendo artesanalmente,
yo miraba el cigarrillo que humeaba en mi mano pensando que tal vez de ahí
vendría la respuesta, cuando volví a mirar a José él ya servía en ambas copas,
sin mirarme pero con el tono irónico que le gusta utilizar cada tanto me dijo,
como si nunca hubiese existido ese silencio…
-
Dale, te dije que empieces,
eso significa en español que tendrías que empezar…
-
Que se yo, no sé, te hice
un comentario nada más, el resto lo imaginaste vos
-
No, no, no, no perdamos
tiempo que es Lunes, a vos te pasa algo, hace un tiempo y hoy no me voy hasta
entender que es
-
Bueno, a ver – me acomodé,
le di un sorbo corajudo al vino, una pitada larga y otro sorbo más
-
Al fin – dijo José
agradeciendo que hayamos evitado los preámbulos
Aún necesitaba algo de tiempo para pensar, no había
pensado ni planificado esta charla, en realidad nunca uno puede hacerlo, pero
decidí saltar, sin ordenar ni un pensamiento, sin depurar ninguna contradicción,
José jugueteaba con el vino que danzaba en su copa inquieto, y empecé a hablar,
buscando siempre la analogía más tonta e inesperada para explicarme
- Te hago una pregunta – José detuvo la copa y me miró
adivinando que no tomaríamos el camino corto y se quedó en silencio esperando
la pregunta
- ¿Vos pensás que en algún punto de la historia alguien
decidió que era mejor comunicarse hablando que cantando? ¿Pensás que fue algo
conciente? – José miraba desconcertado, su cuerpo se inclinaba en deseos
fugaces de intervenir para dilapidar mi planteo pero luego se reclinaba
esperando que de algún modo llegue al punto, yo simplemente seguía, construía
la idea al hablar.
- Sinceramente creo que si la gente sólo pudiese
cantar para comunicarse habría un nivel de odio significativamente menor en el
mundo, hay partes del cuerpo que intervienen en el gesto de cantar que bloquean
la violencia de la palabra directa, del habla, por más que se esfuercen los
compositores, lograr tensión en un musical depende más de la música que del
canto, yo me pregunto varias veces en que momento habremos elegido hablar, ese
modo de emitir sonido, como nuestro principal modo de comunicarnos. – José miraba,
dio otro sorbo a la copa y la apoyo en la tabla que nos dividía.
- No entiendo a que querés ir con eso – José necesitaba
pensar, trataba de hilar despacio adonde podía llegar esa idea sólo por eso aún
no la destruía, aún no repreguntaba.
- Pues eso, creo que estoy cantando, no literalmente
claro, pero me siento con una liviandad extraña, y claro, creo que no debería
ser así, en el pasado no había sido así – Volví a mi copa, no tenía bien claro
que había querido decir pero estaba seguro que era lo que quería decir y que la
sabiduría de José haría el resto.
- Estamos hablando nuevamente de Dolores supongo –
dijo José, que en realidad no lo suponía, lo sabía desde que había entrado a mi
casa
- Si, de algún modo si, pero también de estas últimas
semanas, me siento extraño, tranquilo, vos sabés que me dolió perderla, que
intenté recuperarla, ya te conté todo, sabés que debería haber llorado más, que
debería haber sufrido un poco más, siempre que me enamoré fue igual, pero ando
bien, camino liviano y tranquilo, no lo entiendo – prendí un cigarrillo, el
cenicero aún estaba virgen de colillas pero le esperaba una noche larga, José
ya no fumaba, al menos no tabaco.
- Podría decirte que no te quejes, que disfrutes esa
alegría, que sigas tu vida, pero te entiendo, la confusión no te deja seguir,
necesitás resolverlo, necesitás entenderlo.
- Claro, tengo tal vez miedo de que muy adentro mío no
haya asumido que la perdí, que esté así porque no me di cuenta que la perdí
- No la perdiste, si hay algo de lo que estoy seguro
es que no la perdiste – decía esto sin mirarme, como una verdad universal
mientras jugueteaba aleatoriamente con el encendedor, tomé aire para realizar
la pregunta de rigor, claro que la había perdido, eso era lo único claro, pero
José habló antes.
- No la perdiste amigo, simplemente porque nunca la
tuviste, nunca fue tuya, y mientras antes lo comprendas, mejor.
- Pero nos queríamos, estábamos juntos, no sé. ¿Qué decís?
- Nunca fue tuya, eso digo. Nadie le pertenece a
nadie, vamos coincidiendo en la vida, no la perdiste, simplemente un día no
coincidieron más.
Tenía razón, pero el concepto no me calmaba, yo me
refería a otra cosa, a algo más mundano, una verdad mucho menos trascendental,
José servía vino de nuevo, yo pensaba, no era cuestión de perder claro, pero
ella no estaba, se había terminado, claro, eso. Lo miré de nuevo y el esperó el
contraataque.
- Bueno, pero se terminó. Eso digo.
- Tampoco se terminó, claro que no se terminó...
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