martes, 17 de julio de 2012

Dolores - Parte 2


La primera vez que tuve que olvidar era más niño que joven y olvidé por distraído, casi sin pensarlo, luego fui creciendo y la memoria se me puso terca. Olvidar luego requería al menos un poco de conciencia, y más de una vez, algún esfuerzo. Para mi olvidar siempre fue una tarea, un proceso consciente y trabajoso. La serie de pasos podía variar pero en algún punto, sonreía, y declaraba en silencio, el fin de aquel recuerdo. Ese recuerdo seguiría conmigo pero ambos con nuestras banderas blancas nos declararíamos la paz del olvido, la paz del perdón.

De algún modo los pilares del proceso tienen tres etapas, la primera y fundamental es reconstruir la rutina, reconquistar todo aquel tiempo compartido y ponerlo a plazo fijo (yo por seguridad lo coloco a 30 días) para ir disponiéndolo de a poco mientras se reconstruye la rutina en soledad, es la etapa de reencuentros con viejas pasiones, es la etapa de descanso, suele ser gratificante y poco peligrosa por ello suelo aconsejar empezar por aquí. Luego, se va poniendo difícil, no suelo esquivar los fantasmas así que apenas uno ya se sienta ligeramente más fuerte hay que exponerse de nuevo, exigir al corazón, probarlo, un trotecito de sentimientos para ver si está listo, cada uno puede hacer esto como mejor le parezca, lo más simple es exponerse a los lugares que más alegrías trajeron con la reciente pareja, caminar los mismos lugares, escuchar las mismas canciones, mirar las mismas fotos, pensarse en esos lugares, apersonarse en aquellos manchones de recuerdo pero sólo, no es fácil, pero es el gran trago amargo, el tequilazo que aún ansía su limón y su sal, no esconderse es la consigna, si se falla, descansar y volver a intentar, las lágrimas tal vez aparezcan, hay que dejarlas correr, es el sudor de aquel corazón que entrena, dejar que suceda, no esconderse, volver a intentar. Pasado esto, el tercer paso es cosa de niños y consiste simplemente en tomar los recuerdos lindos, sumarlo a la mochila de aprendizajes y experiencias de la vida, depurar lo que nos sirve, lo que nos deja esta experiencia, aprender y seguir, consigna principal, hecho esto, seguir.

En estas cuestiones pensaba, aún mezclado con ese sabor de amargura y bronca que a veces te agarra mientras caminaba, porque claro está el madito paso cero, ese momento en que antes de desplegar la escalera uno piensa “porque otra vez”, “que hice mal”, e inunda la cabeza con toda esa batería de preguntas incorrectas, se replantea destinos y posibilidades, repasa los posibles errores, se enoja con todos y principalmente con uno mismo, perdón si me olvidé de decirles esto, cuesta llegar al primer paso, primero hay que despojarse de todo esto. Eso intentaba hacer cuando inexplicablemente Dolores, se me transformó en un lindo recuerdo, a las 8.37pm, Dolores, si la del nombre de localidad, se me regaló en sonrisa y me sacudió el esquema. No la tuve que olvidar, o tal vez no quise, no me dolió quedarme con ese recuerdo, no molestó, no pesa ni me molesta cuando camino, esta ahí, sigue estando ahí. La puedo ver y reír, puedo seguir y dejarla seguir. Porque habrá sido esta vez así, que habrá cambiado, porque dolió menos y distinto, bueno, en eso pienso desde las 8.37pm de ese día en adelante.
La confusión que esto ocasionó en mi no fue menor, digamos que un atentado inexplicable se había inmolado en mi proceso y de repente me vi ausente de esquemas, tranquilo y perdido, que mezcla extraña. Hoy, claro, lo veo con cariño y alegría pero no duden que durante un tiempo no supe que hacer, e hice de todo en silencio, fui probando mil modos con el fin de entender el simple hecho que estamos en paz, estaremos en paz, y que nunca hubo guerra. Pero insisto, eso lo digo ahora, porque hacer, hice de todo, fui probando de todo, tal vez un ejemplo ayude: Un buen día, sin saber el paradero de ella, fui a sacarle 1000 fotos sin criterio a la puerta de su casa, no por obsesión, no fue una locura, solo quería tener 1000 imágenes claras y concretas de la misma escena, es decir, su puerta, quieta y cerrada, sin más. Las vi durante horas, pensé que dolería, y no fue así. Hice otras estupideces, pero no vienen al caso, la cuestión es que andaba perdido, no sabía como recordarla, el único recuerdo feliz que me quedaba, ese modo amigable en que ella se había dormido en mi memoria me causaba desconfianza, no quería distraerme, tenía como certeza que ese recuerdo despertaría si me dispersaba, que un día, sin saberlo ella volvería y que evidentemente no estaría preparado, entonces, claro, empecé a prepararme, un mes preparándome...

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