Supongamos que hablo de mí, o
de alguien muy parecido a mí. Y supongamos que yo soy muy parecido a vos, en
realidad, muy parecido a alguien bastante parecido a vos, y supongamos que a
estos seres tan parecidos a nosotros, les pasan cosas parecidas, casi tan
parecidas como las cosas que nos pasan a nosotros. Y supongamos que ellos se ríen
de las mismas cosas de las que nos reímos nosotros, y lloran lágrimas de
composiciones similares, casi siempre por cuestiones parecidas, es decir, las
cosas por las que nosotros lloramos.
Pero volvamos al principio, supongamos que hablo de mí, y te
cuento que soy sensible, pero no tanto como parece o como elegí que pareciera,
y que siempre preferí chocar al tren en contramano y no al lento cáncer
cotidiano, que siempre luché cuando era guerra y preferí obviar las mil
batallas. O supongamos que te digo que estoy loco, claro que mi patología no es
esquizofrénica ni psicótica, sino que es ligeramente más compleja, digamos que
en mi mundo el odio y la ternura comparten cama, desayunan juntos y hasta ella
le dice "Que te vaya bien, querido" y se despiden con un beso, o que
en mi mundo las lágrimas que mas duelen son las que quedan y las sonrisas que más
recuerdo son carcajadas. Supongamos que hablo de mí, y te digo que siempre
miento, y que la mentira es mi escudo cotidiano, y que en mi mundo no son
piadosas. Claro que alguien tan parecido a mí, como ese alguien tan parecido a
vos, sabe identificar entre las líneas de mentiras, las semillas imperceptibles
de verdades. Y supongamos que él te cuenta que sus pecados siempre fueron
capitales porque eran los únicos que valían la pena, que el arrepentimiento nunca
fue de obra y siempre de palabra y omisión, y que sus manos nunca suplicaron
perdones sino que siempre rogaron la compañía silenciosa de esos dedos sin
culpa ni pecado más original que una sonrisa prohibida. Y supongamos
finalmente, que te hablo de mí, y te digo que las paredes de mi laberinto se
elevan, y no sabés que gratificante es a veces, encontrarte perdida en los mismos
pasillos, y abusar de todos los medios existentes para remachar nuestras
heridas.... por impulso y necesidad, y por ese halo oculto, del que nadie
quiere, puede ni sabe hablar......y "así estoy yo, así estoy yo sin ti"......
Pero supongamos que hablo de vos, y te digo las mismas
verdades, y te digo que sos sensible, pero no de frágil porcelana sino de un rígido
diamante al cual nadie sabe preservar, y te digo que estás loca, y nunca tuve
en mis planes subirme a esa "ilusión supersport", pero nuestras
locuras caminan de la mano aunque nosotros vayamos en direcciones opuestas, y
te digo que mentís, por impulso y necesidad, y porque no sabemos cuál es la
verdad ni si realmente existe......y supongamos que hablo de vos, y te digo que
ya he viajado en tu montaña rusa, mucho antes de lo que te imaginás y siempre
me gusto caminar las calles de ese barrio peligroso, y que nunca creí en
inseguridades sino en temores....y supongamos que hablo de vos, y te digo que
no extraño las noches locas y desenfrenadas, no extraño los besos alcoholizados
ni extraño las cosas que ninguno de los dos se acuerda.....y supongamos que
hablo de mí, y te digo que en mi tierra siempre segura, todo tiembla, porque
extraño lo imperceptible, la voz en madrugada, el largo silencio, el beso tímido,
la tonta confusión..... y me da rabia saber que cuando quise darle un buen
final a esta locura, no solo perdí lo que tenía........sino que me di cuenta
que me dolía perderlo......
Y supongamos que hablo de mi, y recuerdo que en el amor he
sabido perder más de mil veces.... y supongamos que hablo de vos, de esa
persona tan parecida a mi, y supongo que también sabrá de infinidad de
derrotas..... y entonces me consuelo en el consuelo más tonto.... en el simple
hecho, que los dos estamos destinados a perder....y decir lo que tendría que
decir....no sirve de nada.
foda.
ResponderEliminar"las lágrimas que mas duelen son las que quedan", muy buena.
ResponderEliminarMe gusta eso de hablarle a otro que también es uno. Ese otro, real o ficticio poco importa, nos permite de alguna forma ver los diferentes seres que conviven en nosotros.
Ejercicio de introspección imperfecta porque la imagen nos vuelve reflejada con alguna distorsión.
Es de algún modo el espejo que elegimos, elegimos las virtudes que queremos mirar y creemos ser justos en los defectos que miramos, aunque no lo somos, pero el ejercicio se sostiene en si mismo tan sólo al ver todo lo que somos para básicamente entender todo lo que podemos ser.
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